PRESENTACIÓN

Factores endógenos y exógenos en la integración latinoamericana

A todo proceso, como lo es el de la integración , se le plantean desafíos, por lo general consecuencia de su propio desenvolvimiento. Cuando los retos son impulsados por movimientos sociales que modifican la orientación política en los miembros del esquema, estamos ante una situación novedosa.

Es a partir de ella y en consideración a la actual perspectiva derivada de los cambios de dirección, en especial, en Bolivia y Venezuela, que Julio C. Gambina encara el panorama de la integración en el inicio del siglo XXI. Del modelo de integración vigente en la década de 1990 y de los que han pretendido imponerse –caso del fallido ALCA–, analiza los nuevos rumbos que al consagrar gobiernos de otros signos modifican la dinámica social y las estructuras económicas. Producidos en el interior de los países, esos cambios influyen en el curso de la integración y dan nacimiento a otras formas de asociarse. Ejemplo de ello es la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA). Concertada entre Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, cuenta con la manifiesta simpatía de Ecuador. De Venezuela se destaca la dirección de su política exterior y su participación en MERCOSUR, ALBA y la Unión de Naciones Suramericanas. Para el autor, esta membresía múltiple es expresión de un realineamiento que permitirá variar en un sentido positivo el destino de la integración regional.

La brecha que separa gobernantes de gobernados requiere ser eliminada mediante un proceso de modernización. Para ello, la mirada se vuelve hacia la tecnología, como medio de suprimir la distancia que aleja a unos de otros. Antes de emprender la incorporación de las nuevas herramientas –su puesta en práctica asociada a la ejecución de proyectos faraónicos–, cabe determinar si ellas cumplirán con los objetivos propuestos o si sólo se trata de seguir una tendencia que consiste en equiparar actualización con adherir a las novedades informáticas que ofrece el mercado.

En lo que respecta al Poder Legislativo está afectado por una creciente pérdida de credibilidad. Respecto de él, se trata de explorar si es posible que tecnologías como las de la información y las comunicaciones sean instrumentos idóneos para asegurar una mayor transparencia a la actividad de los legisladores. La investigación realizada por Ricardo S. Piana para los países del MERCOSUR no ha proporcionado datos que permitan evaluar el empleo de esas tecnologías cumpliendo la función de revertir el distanciamiento con los representados. Tal resultado podría ser distinto si el uso de las tecnologías no se confiara a una tecnocracia compenetrada exclusivamente con los aspectos vinculados con su propia actividad, sino que se sometiera su desempeño a los responsables de la conducción política.

El trabajo de Raúl Bernal-Meza está dedicado al futuro de las relaciones del bloque europeo con el MERCOSUR, a su vez enmarcadas en el ámbito más amplio de América Latina. En el caso específico del MERCOSUR, expone acerca de la decisión de ambos bloques de establecer una alianza estratégica para promover la cooperación en todas las áreas. Hasta el momento, las negociaciones no han permitido alcanzar siquiera un acuerdo comercial por las asimetrías estructurales del actor mercosureño de la relación, lo que dificulta alcanzar un convenio equitativo. Se especifican tanto las causas como las consecuencias de estos escasos avances, sólo superable si ambas partes se hacen concesiones recíprocas, indudablemente justificadas si asumen una perspectiva de equilibrio entre los respectivos intereses.

Además del aspecto comercial, están involucradas cuestiones políticas y estratégicas. Si bien ambas partes comparten responsabilidades para revertir el actual estado de estancamiento, el mayor peso recae sobre la Unión Europea (UE), no sólo respecto del MERCOSUR, sino también respecto de América Latina, región que abarca países con muy diferentes características y necesidades. La gravitación de la UE es la que sustenta atribuirle un compromiso mayor para reforzar los vínculos comerciales, diplomáticos, culturales, financieros y de cooperación, ya existentes con la región. En tal sentido, cabe aprovechar la patente complementariedad de las economías, las semejanzas culturales y las considerables coincidencias en cuestiones políticas internacionales.

La inversión extranjera debe contar con atractivos que la alienten a dirigirse hacia determinados destinos. Los países de nuestra región demandan para su desarrollo la radicación de inversiones. En el marco de los esquemas de integración, los estímulos ofrecidos por los socios individualmente se pueden convertir en un elemento de competencia perjudicial para ellos y los objetivos del esquema si no se adoptan políticas comunes en la materia. José A. Fontoura Costa, después de historiar regímenes jurídicos de inversión nacionales e internacionales, traslada su análisis al MERCOSUR para evaluar la experiencia y las alternativas en este espacio integrado.

Con la convicción de que la integración regional puede tener efectos favorables para atraer capitales y tecnología extranjera, propone  poner en práctica adecuados patrones de cooperación.  Tales patrones se basan  en el respeto de la  diversidad de razones de atracción de inversiones y su desigual distribución entre los países. Por cierto que el concepto amplio de cooperación propuesto es paralelo  a una  regulación consensuada que, al excluir los excesos de la competencia, crea un buen clima para las inversiones.

En las colaboraciones reunidas en este número se consideran las opciones para conformar nuevos modelos de integración, encaminados al desarrollo autónomo de la región. Asimismo, se trata la necesidad de mantener vínculos más estrechos con la sociedad civil y sus organizaciones, y la investigación efectuada en el MERCOSUR revela cuánto queda por avanzar en ese sentido. También se exponen las condiciones en las que las indispensables inversiones se pueden atraer sobre la base de la cooperación entre los países miembros. Y conforme a las posibilidades del relacionamiento externo, se explican los factores a sopesar para establecer acuerdos birregionales.

La diversidad de temas abarcados es una prueba más de los distintos aspectos involucrados en la multidimensionalidad de la integración.

 

Noemí B. Mellado

Directora

 

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